LA EMPRESA QUE QUEBRÓ POR ELEGIR MAL SU ENVASE.

Ha llegado el día en el que las empresas deben dar un paso al frente y decantarse por métodos más sostenibles para comercializar sus productos. Los consumidores lanzan mensajes muy poderosos y los departamentos de marketing tienen claro cual es la preferencia del consumidor. Mejor si prescindimos de cualquier tipo de envase,  y si esto no fuera posible, mejor prescindir de cualquier tipo de envase que esté hecho de plástico.

Un mensaje claro que hoy no es un secreto para nadie, pero que hace unos años cogió por sorpresa a la empresa Panrico.  Jugó sus cartas, falló y se vino abajo. Cuando quisieron dar marcha atrás, ya era tarde. En 2009, la empresa tomó la decisión de envasar de forma individual cada donut, su producto estrella. Trataba con ello de desmarcarse de sus competidores de marca blanca buscando alargar su durabilidad y reducir los costes de transporte. Pensaron que envasando en plástico uno a uno cada donut lograrían retrasar el proceso de oxidación y reducir costes de transporte. Para ello modificaron sus cadenas de producción realizando una fuerte inversión.

Sin embargo, tomaron esta decisión pensando en las ventas en grandes superficies sin tener en cuenta otro tipo de establecimientos que con el tiempo se revelaría que era ahí donde radicaba el gran consumidor. Cafeterías y panaderías comenzaron a dar la espalda al producto.

Un envoltorio en una panadería es sinónimo hoy de poco saludable.

EL CONSUMIDOR NO PERDONA.

Para cuando quisieron volver atrás, las perdidas eran notables y la empresa acabó entrando en concurso de acreedores en 2009.

Esta evolución del paradigma de consumo a día de hoy no nos parece sorprendente, pero si cada vez más significativa y simboliza una tendencia que cada vez será una realidad mayor y que ejerce una fuerte presión sobre las empresas.

Pero no solo la elección del envase de plástico arroja datos. El modelo de negocio de Panrico a inicios del siglo XXI marcó la evolución de la empresa en otras áreas que bien justifican el batacazo y arrojan nuevamente conclusiones evidentes.

Probablemente Andreu Costafedra, fundador de la empresa, no se hubiera planteado jamás envasar uno a uno los donuts y ese hundimiento nunca se hubiera producido, pero a raíz de su fallecimiento en 1999 todo se torció.

Tras su fallecimiento, comenzaron a producirse movimientos accionariales en Panrico hasta que en 2005 la empresa de Capital Riesgo Apax Partner que poco después, en 2008, vende la empresa a Kraft Foods. Estas conversiones empresariales casi siempre derivan en una desmantelación del concepto de negocio de toda la vida, responsable y centrado en unos objetivos claros, para convertirse en una maquina de rentabilidad despersonalizada, cueste lo que cueste.

Tan solo un año después, una firma de Capital Riesgo da la puntilla a la empresa con una decisión en el enpaquetado poco acertada y exclusivamente basada en el rendimiento. Un error que día a día choca más y más con conceptos de mercado del consumidor y de lo que cada vez huye más de las tendencias de consumo del paradigma impuesto por las multinacionales buscando el comercio local, comprometido, responsable y sin envases.

Parece que el hundimiento del viejo paradigma hoy no es forma abrupta, pero sí gradual. Panrico no lo vio venir, por suerte otras empresas puede que aun tenga margen de reacción. No se requieren grandes ideas, tan solo un regreso al pasado, a cuando vendíamos y comprábamos sin plástico, a cuando un donut en la panadería te lo envolvían en papel y no en plástico.

Toca adaptarse y abandonar la senda impositiva de un consumo de envoltorio y colores para centrarse en lo que verdaderamente importa.

La revolución del consumo ha llegado.  El que no escuche, que se prepare…

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